Trentaiocho (802)
“Él
me dijo: Yo me refugié en lo que soy, en mi naturaleza y su historia”. (Adonis, Adonaida, Pág. 206)
Lo
que soy
es
mi refugio;
me
encuentro a gusto
en
el odre de mi piel,
es
mi retiro,
mi
“hortus conclusus”,
mi
último rincón del pensar,
mi
santuario,
un
lugar y un tiempo sagrados
solo
para mi.
Hay
un paso tras otro
en
el lento caminar
por
los atardeceres de la vida
y
ninguno es igual al otro:
yo
tampoco soy el mismo;
mis
huellas
diseñan
el camino
y
todos los caminos
son
mis caminos…
Solo
queda el reposo
junto
a la fuente,
lo
que me mantiene vivo
y
despierto
el
manantial de la luz
y
de la vida
del
que surge el tiempo
y
el deseo,
la
fuente de la eternidad
de
cada instante
medida
gota a gota
luz
a luz
minuto
tras minuto…
y
ya no tengo pasado
y
tampoco futuro
solo
un eterno presente
que se dilata
un
aquí y ahora
que
se manifiesta
lento
y parsimonioso
con
la luz cambiante
con
los granos del reloj de arena
que
se cuela entre los dedos,
las
semillas
de la eternidad presente
condenadas
a
no fructificar
mañana.


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