CUARENTA Y UNO
“Él me dijo:
Él
abre sus cántaros en el inicio de las palabras,
Vierte sobre la gente su elixir”
(Adonis,
Adoniada, Pág. 210)
En
el estanque
esta
mañana
hay
un nenúfar oriental
que se abre;
oigo
la flauta
del
encantador de clientes
a
quienes lee el futuro
con
las cartas;
la
flauta me trae
la música que nace
como
el agua,
cada
mañana.
Mezclaré
mi cuerpo
con
la música
y el ala de las palabras
me
llevará con ellas
en volandas
hacia
una danza sin igual.
El
pulmón del aire,
el
agua del estanque,
la
luz entre las hojas,
los
poemas…
Todo
se conjuga
para
entrar en la órbita
de
lo imposible:
me
siento volar
y
ningún pájaro me sigue,
me
siento nadar
y
ningún pez del estanque
se
acerca a mis escamas
me
siento brillar
y
ninguna mariposa
me
ha rozado de sus alas.
Soy
uno con el fuego
y
mi cuerpo
es
devorado por el sol
que declina.
París es una llama inextinguible.
¡Sesenta
años ya!
¿Para
qué sirve decir:
fui
joven una vez en París?
Mariano
Ibeas 10/03/2026







