La luz, mi luz
“La luz, mi cuerpo está ahí, aquí, he
de ponérmelo”
(Mª.
Zambrano Pag. 174)
La
luz.
Mi
cuerpo está ahí
colgado
en el armario.
He
de revestirme cada día.
Al
despertar no existo como yo
Soy
un sedente, un fantasma.
No
es la sombra temblando
de
la hoja del árbol
ni
siquiera el remedo triste
de
un fantasma de la noche.
No
soy el rumor de aguas
y
de sombras apacibles
ni
el ritmo ligero de las olas que besan
las
arenas
no
es la luz de superficie
en
un charco tras la lluvia
ni
el azul reflejado
en los cristales.
Debo
recomponerme mi esqueleto,
mi
uniforme,
planchado
y viejo
__hace
tiempo que es mi hermano,
compañero__.
Debo
colocarme los ojos
y mirar a través
como
en un espejo,
como
si el mundo fuese nuevo
y mis labios,
antes
de lanzar el grito,
desde
las entrañas
que no tengo
hubiesen
olvidado la gramática
y
el discurrir de la palabra
desde
dentro…
Y
esto que llaman manos
para
asir el aire
y
esto que llaman pies
para asentarme firme
y vertical
sobre
la tierra
y dar dos pasos
y
este corazón que late
y
esto que llamamos vida
regado
por la sangre…
como
salido de una tumba
que
arde en su fuego secreto…
Mariano
Ibeas 23/08/2025


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